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PARAGUAY – 8 de enero de 1982. En un pueblo pintoresco bordeado por el río Tebicuarymí se encontraba la casa de veraneo de los abuelos de Eloísa, donde vivía la tía Carmen, quien acostumbraba rendir culto a la espeluznante mal llamada “La Santa Muerte” y a un personaje de la mitología guaraní, ” el pombero”. En cuanto llegó, Eloísa pudo sentir el aroma a bizcocho recién horneado que inundaba la enorme cocina. Saciado ya su gran apetito, acomodó sus pertenencias en la habitación y se preparó para ir a dar un paseo por la plaza del pueblo. Se podía ver una inmensa nube negra que iba cubriendo el cielo.
-¡No salgas con éste clima, Eloísa!- dijo la tía Carmen, y a los pocos minutos, rayos, truenos y relámpagos cubrían el lugar, con intensa lluvia y viento.
Las dos quedaron en la más absoluta oscuridad, hasta que unas cuántas velas y una lámpara a kerosén alumbraron la casa.
Eloísa se acomodó en un sillón junto a la ventana y observó como la tormenta balanceaba las ramas de los árboles, hasta que un fuerte golpe abrió la puerta y empezó la pesadilla. Piedras que rebotaban como pelotas por la pared, pasos apresurados que caminaban sobre el tejado, y Eloísa, que asustada, no paraba de gritar, pálida y helada de miedo y terror. La tía Carmen dijo que siempre había ruidos extraños, pero que jamás había pasado algo así. Sorprendida, fue hacia la puerta para cerrarla, cuando de repente una sombra se acercó… ¡la silueta de un hombre delgado que no tenía rostro!
Se escuchó un grito de la tía Carmen, que con voz temblorosa dijo: “¡Es la Santa Muerte. No te quiere aquí, debes irte o no nos dejará en paz!”. Apenas dicho esto, la sombra se esparció como humo negro por el bananal, tirando todo lo que había a su paso, hasta desaparecer.
Fue una noche de horror, ambas se

quedaron sin palabras. Eloísa con un rosario en la mano y la tía Carmen pegada a su sillón. Apenas empezó a amanecer, Eloísa tomó sus maletas para irse a la terminal de autobuses, cuando la tía le dijo: “Nunca hagas trato con seres de la oscuridad, ellos tomaran el control de tu vida, te quitarán lo más preciado que tengas y exprimirán tu alma hasta secarla y tirarla al fuego eterno sin posibilidad de arrepentimiento”.
Eloísa no entendió nada de todo aquello que había sucedido. Llegó exhausta a su casa, con mil preguntas en la cabeza, pero con la certeza de que jamás obtendría respuestas. Nunca más volvió a la casa de veraneo ni supo de su tía Carmen. Pero cuentan los habitantes del lugar, que al pasar por la casa se puede sentir un escalofrío que inunda todo el cuerpo.

CLAUDIA GONZÁLEZ

Escritora aficionada, amante de las novelas basadas en historias reales. Ferviente defensora de la vida de cualquier ser viviente. Disfruta de la paz, la tranquilidad de su hogar, su refugio, su familia.

“La vida cuanto más sencilla la vivamos menos
complicada

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